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Casas Embrujadas:El Danvers State Hospital

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Casas Embrujadas:El Danvers State Hospital

Mensaje  Darkness71775 el Jue Abr 26, 2012 5:16 pm

Articulos


Imponer la razón por la fuerza es una locura. Eso ha ocurrido varias veces en la historia. Por lo menos en el actual territorio de Massachusetts, donde alguna vez los puritanos calvinistas escudados en sus pretendidas buenas razones impulsaron la caza de “brujas” –en el cercano poblado de Salem–, y decenas de años luego a un joven idealista se le ocurrió que para curar la demencia bastaba con erguir los psiquiátricos más fabulosos que se hayan visto. El más emblemático es el Danvers State Hospital, cuyas ruinas siguen recordando las locuras que se cometen en nombre de la razón

Thomas Story Kirkbride (1809-1883) era un joven de frente amplia, cejas en forma de arcada y mentón puntiagudo, dueño de una inteligencia perspicaz que contrastaba con cierta candidez. Había crecido en una familia de cuáqueros en Pensilvania y desarrolló desde temprano una fuerte vocación orientada a la cura de las enfermedades psiquiátricas. Así fue que el lozano Kirkbride dedicó todos sus esfuerzos a avanzar en su carrera profesional contribuyendo a fundar prestigiosas asociaciones y a experimentar novedosos tratamientos. Uno de ellos fue el uso de las recientemente inventadas trasparencias fotográficas para que sus pacientes pudieran recrearse en el marco de los “Tratamientos morales”, teorías que se habían desplegado a finales del 1700. Según éstas, se aseguraba que la terapia correcta debía consistir en la internación del paciente en un lugar confortable y que correspondía darle un trato humano para aquietar las pasiones interiores y vencer las resistencias. De ese modo, se pretendía lograr un comportamiento “normal” –así decían– y se intentaba modelar la conducta de los insanos.


Con estas posturas y bajo la óptica del puritanismo, el bueno de Thomas quiso ir incluso más lejos y desarrolló el Plan Kirkbride centrado en el concepto del “edificio-como-cura” destinado a estandarizar la construcción de los manicomios. Su obra más lograda fue el Danvers Hospital. Diseñado por el arquitecto Nathaniel Jeremiah Bradlee, era un monumento viviente a las teorías de Kirkbride. Ese gigantesco edificio de estilo gótico se erigió en cuatro años y se presentó en sociedad en 1878: poderosos hombres de la región se quedaron boquiabiertos al ver un predio que costó 1,5 millones de dólares, una verdadera fortuna para la época.


El lujoso complejo estaba pensado para 600 enfermos y él lo definía como “un aparato especial para el tratamiento de la locura”. Planteaba que la belleza, el ornamento barroco y la funcionalidad de estos gigantescos castillos permitirían al enfermo recuperar su equilibrio interior, controlar las emociones y la confusión mental a fin de vivir en un orden adecuado, dentro de una comunidad armonizada bajo la virtud y el trabajo. Por sus formas de organización y de autosustentación, hasta se percibía cierta fascinación idílica sobre la vida de los poblados rurales o las organizaciones religiosas, añoranza habitual en ciertos pensadores utopistas que vieron los efectos nocivos de la segunda revolución industrial. Los asilos contaban con numerosos y coquetos jardines y áreas de esparcimiento diseñadas para contribuir a generar un ambiente de confianza y apoyo. Asimismo, en la periferia los enfermos realizaban labores en las plantaciones, proveyendo alimentos y leña para el asilo y logrando aquietar sus mentes por medio del trabajo.


La inspiración del proyecto estaba bien dirigida. Por entonces los asilos eran peores que las cárceles, donde los perturbados eran librados a su suerte, abandonados en pestilentes depósitos de carne humana. Pero una de las debilidades mayúsculas de la teoría era creer que los desequilibrios interiores podían solucionarse con los factores externos, sobredimensionando la influencia del escenario sobre la mente. Sin embargo, Thomas encontró que una buena cantidad de personas importantes estaban dispuestas a acercar a los lunáticos al paraíso. Pero el infierno está poblado de buenas intenciones.


Al principio, fue un gran avance. Los establecimientos funcionaban con 100 o 200 pacientes y las mejorías se hacían sentir. Kirkbride insistía en contratar personas de buenos modales, enfermeras amables y predispuestas. Pensaba su plan como una gran obra civilizadora que debía ser replicada en el mundo y para eso elaboró con precisión bocetos arquitectónicos. Por su imagen tan esplendorosa y por el melancólico encanto de la vida premoderna que guiaba a su filosofía, el proyecto Kirkbride tuvo un apoyo inaudito: sólo en Estados Unidos se elevaron más de 300 hospitales de este estilo y muchos se duplicaron en Canadá, Australia y Europa.


Sin embargo, una doble pinza comenzó a castigarlos: la falta del personal adecuado y los problemas presupuestarios. No sólo eso, también aumentó el número de personas a las cuales se les diagnosticaban enfermedades mentales, que hasta entonces pasaban desapercibidas. A eso se sumó la habitual suerte que corren muchos movimientos de vanguardia. Después de que muchos comienzan a seguir el nuevo camino trazado, de pronto se produce un súbito cambio y los seguidores regresan a los viejos caminos. Justamente, una inversión de paradigma se produjo en el campo de la psicología y la nueva camada planteó que las enfermedades se debían a lesiones cerebrales y, por lo tanto, eran incurables. La suerte de este paraíso para lunáticos estaba echada.


La pesadilla, realmente, despuntó tras la muerte de Kirkbride. Ese mundo lleno de pureza e imágenes de vida comunitaria entró en un lento proceso de degradación. Dejó de ser un hermoso palacio montado sobre verdes colinas para convertirse en una tétrica mazmorra. Los pocos testigos que han llegado a dar su versión, describen un mundo sádico, donde las consignas y terapias recomendadas por el mentado doctor se perdieron con las prácticas impuestas por las nuevas teorías. Las sesiones de fotografías y muestras de arte fueron trocadas por baños de agua fría; las amplias y espaciosas habitaciones se llenaron de enfermos y se realizaron cuartos de dimensiones minúsculas para asilar a los internos de mal comportamiento como en las penitenciarías. Las camisas de fuerza se pusieron de moda y, más tarde, lo hicieron las terribles lobotomías.
El Danvers se volvió un depósito de humanos. Empezaron a ser derivados pacientes con distintas patologías haciendo imposible la implementación de las metodologías específicas que requiere cada terapia. Convivían bajo un mismo techo ancianos seniles, discapacitados mentales, alcohólicos irredentos, drogadictos perdidos, delincuentes vulgares, vagabundos y almas que, simplemente, habían sido diagnosticadas a la ligera. La idílica atmósfera pensada para equilibrar a 600 seres humanos ya albergaba a más de 2.400 animalizados entes. Una preciosa jaula de oro cuya cáscara seguía gustando a los que la miraban desde afuera sin atreverse a entrometer sus narices en esa húmeda, claustrofóbica y revulsiva cápsula. El hacinamiento era tan intenso que recomendaron las terapias de choque para mantener el hospital bajo control.


A partir de 1900, el concepto de “edificio-como-cura” de Kirkbride quedó desacreditado. A los argumentos médicos, se añadió otro más poderoso: el excesivo costo de mantenimiento del sistema. En ese punto, nada tuvieron que ver con la suspensión de las actividades los relatos de los vecinos de la zona que describían los siniestros gritos que se oían, las historias de locos que se fugaban y de guardias más trastornados que los internos. Todavía algunas familias de la zona las recuerdan. Muchas historias parecen ser tristemente verídicas; otras se entremezclan con fantasmas y almas en pena. El siglo XX fue una larga agonía para los 300 psiquiátricos del plan Kirkbride y el hospital Danvers fue oficialmente cerrado en 1992.


Es una excursión a los infiernos. Ingresar tras las puertas del castillo de la locura es acceder al testimonio de penas insondables, de castigos inútiles y de irracionales formas de establecer la razón. El olor a podredumbre continúa y el peso del dolor es fuerte. Cada piso es un anillo más del averno. Las escaleras y los pasillos parecen conducir a otra instancia más tétrica y penosa que la anterior: ¿cuánto peor se podía vivir?


Recorrer las salas es un muestrario de la desolación. Una silla de ruedas desvencijada nos habla de la soledad y abandono de su antiguo usuario. Una bañera que podría ser la envidia de cualquier hogar de la época, no se usaba para dar reparadores baños sino para la cruel hidroterapia. Una cama de hierro sigue atacada por cables eléctricos. No cuesta nada imaginar los gritos de los inquilinos cuyos nombres ya nadie recuerda. Más abajo están los pequeños cuartos de reclusión, comparables a las celdas de aislamiento de los presidios de máxima seguridad. Tras mamarrachos y graffitis de los modernos vándalos, en las paredes de los cuartos pueden leerse los pensamientos de los irracionales. “El fin, inexorable como la luna”; “¿por qué?”; “el dolor no cura”. Algunos los escribieron con piedras intentando romper la soledad y el aislamiento, pretendiendo enviar un mensaje. Lástima que esas “botellas” arrojadas en un mar de incomprensión tardaron un siglo en encontrar un lector.


En el otrora idílico asilo, en 2001 se filmó Session 9, una película de horror que no asusta tanto como la realidad que allí puede palparse. En ella se recopilaron historias contadas por los vecinos de Massachusetts y se les agregó la dosis de ficción y morbo que toda producción de Hollywood requiere. Desde entonces, el hospital es invadido semanalmente por fanáticos del filme y curiosos: tuvieron que tapiar las puertas y las patrullas han detenido a centenares de muchachos que buscaban emociones fuertes. Finalmente, hace un lustro, los accionistas de la empresa inmobiliaria Avalon Bay, enamorados de sus colinas verdes y sus majestuosas fachadas, compraron la propiedad para construir 497 apartamentos de lujo, allí donde Kirkbride soñó un paraíso para los insanos y muchos terminaron conociendo el infierno. Se suponía que saldrían al mercado en el otoño de 2007, sin embargo, un incendio se tragó la mayor parte del establecimiento, como la fiebre de la locura devora las mentes.

Fuente:http://www.almamagazine.com/entradas-danvers_state_hospital-palacio_de_la_locura

El Psiquiátrico de Danvers

El Danvers State Hospital, en Massachusetts (USA), era uno de los más impresionantes y bellos psiquiátricos que jamás se hayan construido. Se edificó en una hermosa colina en la que, tiempo atrás, existieron cultivos contaminados por el cornezuelo, un hongo que provocó delirios y alucinaciones a las famosas brujas de Salem, condenadas a muerte en el siglo XVII.

Esta enorme edificación de estilo gótico, que inspiró a Lovecraft varios relatos, comenzó a construirse en 1874 y se inauguró cuatro años más tarde. El hospital, cuyo costo ascendió a 1.5 millones de dólares, originalmente estaba integrado por dos edificios principales, la vivienda de la administración y cuatro alas, pero con el tiempo se fue ampliando.

Fue diseñado por el arquitecto Nathaniel Jeremías Bradlee, de acuerdo con el Plan Kirkbride, un sistema creado por el psiquiatra Thomas Kirkbride, que defendió la filosofía del “Tratamiento moral”. Según este pensamiento, la mejora en la enfermedades mentales debía estar basada en el trato humano a los enfermos y en su internamiento en lugares hermosos, en los que abundase el aire fresco y el sol. Las habitaciones debían ser amplias, luminosas y decoradas con buen gusto. Kirkbride opinaba que el edificio en sí debía tener un efecto curativo, convertirse en “un aparato especial para la atención de la locura”. De esta manera, las personas que sufrían enfermedades tales como la depresión, el alcoholismo y la esquizofrenia, encontrarían el espacio y la tranquilidad que necesitaban para recuperar y reconstruir sus vidas.

El Danvers State Hospital se convirtió en un modelo formidable de aplicación del Plan Kirkbride, pero pronto esta situación empezaría a cambiar. Este hermoso hospital, dejó de ser un hogar cálido y confortable para el enfermo mental y se convirtió en una tétrica prisión en la que se aplicaban todo tipo de terapias de choque, lobotomías, hidroterapia, camisas de fuerza y cualquier otro método que permitiese controlar al número, cada vez mayor, de pacientes que allí se internaban.

Y es que, a partir del 1900, el concepto de “edificio-como-cura” de Kirkbride se fue desacreditando, sobre todo porque se trataba de un sistema cuyo mantenimiento resultaba excesivamente costoso. Los majestuosos psiquiátricos de Kirkbride (se construyeron más de 300) se transformaron en lugares húmedos, claustrofóbicos, donde los pacientes fueron encerrados y maltratados.

1893

El Danvers fue llenándose de tan numerosos y variados tipos de pacientes que su internamiento se convirtió en un gran problema. Se mezclaban, bajo el mismo techo, ancianos, discapacitados mentales, alcohólicos, drogadictos, delincuentes dementes y todas las demás personas con variados grados de enfermedad mental.

Según el Plan Kirkbride, el edificio original tenía una capacidad máxima de 600 pacientes, sin embargo, aunque después se adicionaron algunas construcciones, el hospital llegó a albergar alrededor de 2400 pacientes. El hacinamiento de los enfermos fue tan extremo que comenzaron a utilizarse diversas terapias de choque para mantener el hospital bajo control.

El Danvers fue cerrado oficialmente en el verano de 1992 debido a recortes presupuestarios en el sistema de salud mental y también en respuesta a las numerosas denuncias de hacinamiento, malos tratos y abandono.

La película “Sesión 9″, filmada en este lugar en el año 2001, despertó un gran interés por el hospital abandonado. Tuvo que incrementarse el número de patrullas que vigilaban la zona y tapiarse todas las ventanas.

Sin embargo, a pesar de todas las precauciones, han sido muchas las personas que han tenido interés en explorar esta tenebrosa edificación. En 2004, un incendio estuvo casi a punto de acabar con el Danvers, pero la rápida actuación de los bomberos, que tuvieron que adentrarse en las entrañas del peligroso edificio, lo impidió.

Desde entonces se incrementó, aún más, el control de la zona, deteniéndose a cualquier persona que quisiera entrar en la construcción. Un artículo sostenía que, desde el año 2000, más de 120 personas han sido detenidas por el allanamiento del Danvers.

En 2005 fue vendido a una empresa inmobiliaria llamada Avalon Bay, que comenzó su demolición en enero de 2006, con la intención de construir 497 apartamentos en la colina donde se ubicaba el hospital. En junio de 2006, numerosas edificaciones del Danvers se habían derribado. Sin embargo, algunas construcciones periféricas, incluyendo la fachada principal se salvaron. Avalon Bay predijo que las viviendas estarían disponibles para ser vendidas o alquiladas en el otoño del 2007 (los alquileres oscilan entre 1300 dólares a 1700 por un estudio de un dormitorio y hasta 2400 dólares para un apartamento de dos habitaciones).

El 7 de abril de 2007 un gran incendio, visible desde Boston (a unos 27 km de distancia), acabó con gran parte de los edificios del extremo oriental y otras zonas se vieron afectadas por el excesivo calor. Una investigación está en curso en relación con la causa de este siniestro. Avalon Bay ha mantenido siempre en funcionamiento una webcam en su propiedad. Sin embargo, la noche del incendio, las imágenes dejaron de emitirse aproximadamente a las 2:03 AM y la webcam se desactivó, posiblemente debido al fuego.

Fuente:http://www.patasdeloro.com/spip.php?article67

Este hospital posiblemente sea una de las construcciones más bellas e impresionantes de todas aquellas que se han realizado a lo largo de la historia con fines médicos y curativos. Su construcción, en el año 1874 costó la friolera de 1,5 millones de dólares, que en aquella época era una cantidad considerable, y más todavía para construir un psiquiátrico. El artífice de éste y de otros sanatorios similares en estados unidos fue el Doctor Psiquiatra Thomas Kirkbride, cuya filosofía curativa se basaba en el bienestar de los internados, comenzando por un trato amable y lo más humano posible y rodeados de las mejores instalaciones posibles. Amplias y soleadas habitaciones, lugares comunes frescos y bellos, grandes jardines y espacios abiertos. En fin, que el edificio en sí mismo se convertía en parte del tratamiento para enfermos de todo tipo, depresivos y esquizofrénicos parecían mejorar con más rapidez en estos majestuosos edificios.

Pero este utópico tratamiento de Kirkbride para los enfermos mentales no duró demasiado por diferentes motivos. El principal era que no todos los médicos psiquiatras opinaban como él y se decantaban más por los métodos tradicionales de terapias de choque y de suministro de sustancias químicas para mantener a los enfermos a raya. Y en estos lugares, esos métodos comenzaron a implantarse, a principios del siglo XIX, se unió la gran crisis económica que hizo prácticamente imposible que estos enormes edificios y sus costosos mantenimientos pudiesen mantenerse, esto llevó a elevar el número de internados a cantidades no demasiado recomendadas y en algunos casos, los enfermos cuadruplicaban en número a la capacidad de los hospitales.

Y en ese punto comenzó el desastre, enfermos mentales de todo tipo mezclados y hacinados en pequeños espacios, malos tratos, medicaciones excesivas, lobotomías, camisas de fuerza, muertes… los enfermos, en lugar de mejorar de sus dolencias, veían sus locura llevada a los máximos extremos en estas cárceles

En los años sesenta, estas instituciones volvieron un poco a la normalidad convirtiéndose en psiquiátricos un poco más normalizados. El Danvers State Hospital, funcionó hasta el año 1992, donde los recortes presupuestarios acabaron por cerrar sus puertas. Muchos de los hospitales del plan Kirkbride corrieron la misma suerte, algunos se derribaron, como es el caso del Danvers, otros siguen en funcionamiento y algunos otros se han reconvertido para albergar otro tipo de ocupaciones.

Hoy en día, donde se levantó este magnífico edificio que fue inspiración de algunos relatos de Lovecraft, no hay más que apartamentos de lujo, apenas alguna fachada y algún que otro edificio periférico se han mantenido.

En el año 2001 se rodó allí la película “Session 9”, que pese a pasar por las taquillas con más pena que gloria, hizo que mucha gente peregrinara a las ruinas del viejo hospital. Haciendo que las autoridades lo tapiasen por completo para evitar accidentes no deseados. Como no, en los años de abandono de este lugar, surgieron muchas y diversas leyendas sobre fantasmas y apariciones espectrales de los enfermos que sufrieron e incluso murieron en este lugar, y mucho más a raíz de esta película en cuestión.



Última edición por Darkness71775 el Jue Abr 26, 2012 6:23 pm, editado 1 vez
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Re: Casas Embrujadas:El Danvers State Hospital

Mensaje  Darkness71775 el Jue Abr 26, 2012 6:15 pm

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Thomas Story Kirkbride (1809-1883)
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