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Yo, Cthulhu.

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Yo, Cthulhu.

Mensaje  Darkness71775 el Miér Oct 26, 2011 7:44 pm

Yo, Cthulhu.
...O ¿Qué hace una cosa con tentáculos en la cara como yo en esta ciudad hundida?(Latitud 47° 9' S, Longitud 126° 43' O)?



Una "biografía no oficial" de nuestro dios primigenio cara de pulpo favorito, por Neil Gaiman (autor de The Sandman, American Gods y Coraline, entre otras historias pro).

I.

Cthulhu, me llaman. El Gran Cthulhu.

Nadie nunca lo pronuncia bien.

¿Lo estás escribiendo? ¿Cada palabra? Bien. ¿Dónde comienzo -- mm?

Bien, entonces. El inicio. Escribe esto, Whateley.

Fui engendrado incontables eones atrás, en las oscuras nieblas de Khaa'yngnaiih (no, claro que no sé como se deletrea. Escríbelo como suena), por padres de pesadilla sin nombre, bajo una luna poco iluminada.
No era la luna de este planeta, de seguro, era una luna de verdad.
Algunas noches llenaba la mitad del cielo y mientras se levantaba, veías como goteaba y se extendía la sangre carmesí de su cara hinchada, manchándola roja, hasta que a su máxima altura, bañaba los pantanos y torres en una sangrienta y muerta luz roja.

Esos eran días.

O más bien, noches, totalmente. Nuestro hogar tenía una especie de sol, pero era viejo incluso entonces. Recuerdo que la noche que explotó finalmente, todos nos arrastramos a la playa para ver. Pero creo que me estoy adelantando mucho.

Nunca conocí a mis padres.

Mi padre fue consumido por mi madre tan pronto como la fertilizó, y ella, en turno, fue consumida por mí mismo al nacer. Esa es mi primera memoria, como pasó. Arrastrándome hacia afuera de mi madre, su putrefacto sabor aún en mis tentáculos.

No te espantes tanto, Whateley. Encuentro a ustedes, los humanos, igual de asquerosos.

Lo que me recuerda, ¿se acordaron de alimentar al Shoggoth? Creo que lo oí parloteando.

Pasé mis primeros miles de años en esos pantanos. No me gustaba, pero yo era del color de una trucha joven y medía como cuatro pies humanos de largo. Pasaba la mayoría del tiempo acechando cosas y devorándolas, y en turno, evitando ser acechado y devorado.

Así pasó mi juventud.

Entonces un día -- creo que era un Martes -- descubrí que había más en la vida que comer. (¿Sexo? Claro que no, no alcanzaré esa etapa hasta mi próxima estivación, pero tu pequeño y patético planeta estará frío para entonces). Fue ese Martes que mi tío Hastur se arrastró hasta mi parte del pantano, con sus mandíbulas fusionadas.

Significaba que no quería cenar esa noche, y que quería que habláramos.

Ahora, eso es una pregunta estúpida, incluso para tí, Whateley. No uso ninguna de mis vocas para comunicarme con tigo, ¿o sí? Muy bien. Una pregunta más como esa y encontraré alguien más a quién relatarle mis memorias. Y tú vas a alimentar al Shoggoth.

Vamos a salir, me dijo Hastur. ¿Quieres venir?

¿Vamos? Le pregunté. ¿Quienes?

Yo, dijo, Azathoth, Yog-sothoth, Nyarlathotep, Tsathogghua, Ia! Shub-Niggurath, el joven Yuggoth y unos cuantos más. Tú sabes, él dijo, los muchachos.
(estoy traduciendo abiertamente para tí, Whateley, tú me entiendes. Algunos de ellos eran a-, bi-, o trisexuales, y la vieja Ia! Shub Niggurath tiene al menos mil crías, o eso dice. Esa rama de la familia siempre se la vive exagerando). Vamos a salir, concluyó, y nos preguntábamos si querías algo de diversión.

No le respondí de una vez. Para ser franco, no me agradan mucho mis primos, por alguna distorción particularmente sobrenatural, siempre he tenido un gran problema para verlos con claridad. Tienden a volverse borrosos en las orillas, y algunos de ellos -- Sabaoth es todo un caso -- tienen muchas, muchas orillas.

Pero yo era joven, y quería diversión. "¡Tiene qué haber algo más en la vida que esto!", lloraba mientras las deliciosamente fétidas pestes del pantano se arremolinaban a mi alrededor, y sobre mí los ngau-ngau y los zitadors volaban revoloteaban. Dije que s´, como tal vez hayas adivinado, y me arrastré tras Hastur una vez que llegamos al punto de reunión.

Recuerdo que pasamos la siguiente luna discutiendo a donde íbamos a ir. Azathoth tenía sus corazones enfocados en el distante Shaggai, y Nyarlathotep tenía algo respecto al Lugar Innombrable (No puedo ni siquiera por mi vida, pensar porqué. La última vez que fui, todo estaba cerrado). Todo me daba igual, Whateley.
Cualquier lugar húmedo y de alguna forma, sutilmente erróneo, y me sentía en casa. Pero Yog-sothoth tuvo la última palabra, como siempre, y venimos a este plano.

¿Has conocido a Yog-sothoth, no verdad, mi pequeña bestia de dos patas?

Sí, lo pensé.

Él nos abrió la puerta para que pudiéramos pasar.

Para ser honesto, no pensé mucho en ello. Todavía no lo hago. Si hubiera sabido el problema en el que nos íbamos a meter, dudo que me hubiera molestado. Pero yo era joven.

Recuerdo que nuestra primera parada fue la oscura Carcosa. Hizo que me cagara del susto, ese jodido lugar. Estos días puedo ver a tu gente sin sentir escalofríos; pero su gente, sin una escama o pseudópodo entre ellos, me asusta.

La primera persona con quien me llevé bien, fue el Rey Amarillo.

El rey de harapos. ¿No lo conoces? Página setecientos cuatro del Necronomicón (la edición completa), ahí habla de su existencia, y creo que ese idiota de Prinn lo menciona en el De Vermis Mysteriis. Y también está Chambers, por supuesto.

Un tipo adorable, una vez que me acostumbré a él.

Él fue quien me dió primero la idea.

¿Qué innombrables demonios se hace en esta horrible dimensión? Le pregunté.

Se rió. Cuando vine por primera vez aquí, dijo, un mero color salido del espacio, me pregunté lo mismo. Entonces descubrí qué tan divertido es conquistar estos mundos raros, subyugar a los habitantes, hacerlos temerte y adorarte. Es hilarante.

Por supuesto, a los Antiguos no les agrada.

¿Los antiguos? Pregunté.

No, dijo, los Antiguos. Con Mayúsculas. Tipos divertidos. Como barriles con cabeza de estrella de mar, con alas escamosas que usan para volar en el espacio.

¿Volar por el espacio? ¿Volar? Estaba sorprendido. No pensé que nadie en estos días volara. ¿Para qué molestarse cuando uno puede reptar? Puedo ver porqué les llamaban antiguos. Perdón, Antiguos.

¿Y qué hacen estos Antiguos? le pregunté al Rey.

(te diré acerca de reptar después, Whateley. Algo inútil, de todos modos. Te falta el wnaisngh'ang. Aunque igual puede funcionarte un equipo de badminton). (¿Dónde estaba? Oh, sí).

¿Qué hacen estos Antiguos?, le pregunté al Rey.

No mucho, explicó. Soo que no les gusta que alguien más lo haga.

Me undulé, moviendo mis tentáculos como si quisiera decir "he conocido a esos seres en su momento", pero creo que el mensaje no le llegó al Rey.

¿Conoces algún lugar bueno para conquistar? Le pregunté.

Movió su mano vagamente en dirección de un pequeño montón apenas iluminado de estrellas.
Hay uno ahí que tal vez te guste, me dijo. Se llama Tierra. Algo apartado del camino, pero con mucho lugar para moverse.

Maldito tonto.

Es todo por hoy, Whateley.

Mientras sales, dile a alguien que le dé de comer al Shoggoth.



II.

¿Ya es tiempo otra vez, Whateley?

No seas torpe. Sabes que envié por tí. Mi memoria es tan buena como siempre ha sido.

Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fthagn.

¿Sabes qué significa, no?

En su casa de R'lyeh, el muerto Cthulhu aguarda dormido.

Una exageración justificada; pero no me he sentido muy bien recientemente.

Fue un chiste, uni-céfalo, un chiste. ¿Estás escribiendo esto? Bien. Sigue escribiendo. Ya sé donde me quedé ayer.

R'lyeh.

La Tierra.

Es un ejemplo de la forma en que los lenguajes cambian, los significados de las palabras. Estática. No lo soporto. Una vez, R'lyeh era la Tierra, o al menos la parte de ella que yo gobernaba, todo lo mojado. Ahora solo tengo mi casita aquí, latitud 47° 9' sur, longitud 126° 43' oeste.

O los Antiguos. Nos llaman los Antiguos ahora. O los Grandes Antiguos, como si no hubiera diferencia entre nosotros y los chicos barril.

Estática.

Cuando vine a la tierra, y en esos días, el lugar era más húmedo que hoy. Era un maravilloso lugar, con mares ricos como sopa, y me empecé a llevar maravillosamente con la gente.
Dagon y los muchachos (uso la palabra literalmente esta vez). Todos nosotros vivíamos en el agua, en esos tiempos remotos, y antes de que pudieras decir Cthulhu f'thagn, ya los tenía trabajando, construyendo y cocinando. Y siendo cocinados, por supuesto.

Lo que me recuerda, hay algo que te quería decir. Una historia real.

Habia una vez, una nave, navegando en el mar. En un crucero Pacífico. Y en la nave había un mago, un conjurador, cuya función era entretener a los pasajeros, y también estaba este perico en la nave.

Cada que el mago hacía un truco, el perico lo arruinaba. ¿Cómo? Decía como lo había hecho, así lo arruinaba. "Escondido en la manga", chillaba el perico, o "la baraja está acomodada" o "tiene un fondo falso".

Y al mago no le gustaba.

Finalmente, llegó el tiempo de que hiciera su mayor truco.

Lo anunció.

Se acomodó las mangas.

Movió los brazos.

Y en ese momento, la nave chocó y se volteó a un lado.

La Hundida R'lyeh había aparecido bajo ellos. Hordas de mis sirvientes, atroces hombres-pez, salieron de los costados, atraparon a los pasajeros y tripulación, y los arrastraron bajo las olas.

R'lyeh se hundió bajo el agua otra vez, esperando el tiempo para que el terrible Cthulhu se levantara y reinara de nuevo.

Sobre las aguas sucias, el mago -- observado por mis pequeños amigos batracios, algo por lo que pagaron pesadamente -- flotaba, agarrándose a un tronco, solito.
Y entonces, arriba de él vió una pequeña figura verde, que descendió y finalmente se posó sobre un pedazo de madera flotante. Y vió que era el perico.

El perico movió su cabeza a un lado y le guiñó al mago.

"De acuerdo," dijo, "Me rindo. ¿Cómo lo hiciste?"

Claro que es una historia real, Whateley.

¿Crees que el oscuro Cthulhu, quien salió de las estrellas oscuras cuando tus más bizarras pesadillas aún succionaban las pseudomamarias de sus madres, que espera por el tiempo en que las estrellas se alineen para salir de su tumba-palacio, reviva a los creyentes y resuma su reino, que busca enseñar de nuevo los enormes y lascivos placeres de la muerte y la destrucción, te mentiría?

Claro que lo haría.

Cállate, Whateley, que estoy hablando. No me importa donde lo oíste antes.

Nos divertíamos en esos días, matanza y destrucción, sacrificio y perdición, pobredumbre y baba y lodo, y juegos atroces sin nombre. Comida y diversión. Era una fiesta larga, y todos la amaban con excepción de los que acababan empalados en estacas de madera entre un pedazo de queso y una piña.

Oh, sí que había gigantes en la tierra en esos días.

Pero no iba a durar por siempre.

Vinieron de los cielos, con sus alas de insecto, y reglas y regulaciones, y rutinas y Dho-Hna sepa cuantas formas para ser llenadas a la quinta potencia. Pequeños y banales burócratas, todos ellos. Podías darte cuenta solo con verlos: Cabezas de cinco puntas -- cada uno tenía cinco puntas, brazos o lo que sea en sus cabezas (que quiero añadir, estaban siempre en el mismo lugar). Ninguno de ellos tenía la imaginación para crecer tres brazos o seis, o ciento dos.
Cinco, todo el tiempo.

No nos acostumbramos.

No les gustó mi fiesta.

Le gritaron a las paredes (metafóricamente). No les pusimos atención. Entonces se enojaron. Argumentamos. Jodimos. Peleamos.

Okay, me dijeron, quieres el mar, quédate el mar. Cerrado, almacenado y barril con cabeza de estrella de mar. Nos movimos a la tierra -- era muy pantanosa y oscura entonces -- y construimos monolitos gigantes que empequeñecían a las montañas.

¿Sabes qué mató a los dinosaurios, Whateley? Nosotros. En una barbacoa.

Pero esos aguafiestas de cabeza puntiaguda no nos dejaban en paz. Intenaron mover el planeta más hacia el sol -- ¿o era más lejos? Nunca les pregunté, de hecho. Lo siguiente que sabía, era que estábamos bajo el mar otra vez.

Te tenías que reír.

La ciudad de los Antiguos se jodió hasta el cuello. Odiaban lo seco y frío, como lo hacían sus criaturas. De pronto estaban en el antártico, seco como hueso y frío como las planicies perdidas de la triple maldita Leng.

Y aquí acaba vuestra lección de hoy, Whateley.

¿Y por favor podrías decirle a alguien que alimente a ese mugroso Shoggoth?



III.

(Los profesores Armitage y Wilmarth están convencidos de que faltan no menos de tres páginas de este manuscrito a partir de este punto, citando el texto y longitud. Estoy de acuerdo).

Las estrellas cambiaron, Whateley.

Imagínate que te separan el cuerpo de la cabeza, dejándote como una masa de carne sobre una fría mesa de mármol, parpadeando y ahogándose. Así se sentía. Se acabó la fiesta.

Nos mató.

Por eso estamos acá abajo.

¿Maldito, eh?

Me siento aquí, muerto y soñando, viendo los imperios de hormiga del hombre levantarse y caer, erigirse y desmoronarse.

Algún día -- tal vez mañana, tal vez en muchos más mañanas de los que tu mente pequeña pueda comprender -- las estrellas estarán alineadas en los cielos y el tiempo de destrucción llegará de nuevo: me levantaré del mar y tendré dominio sobre el mundo una vez más.

Disturbios y rebelión, comida sangrienta y actos desagradables, un crepúsculo eterno y pesadillas y los gritos de los muertos y los no tan muertos y los cánticos de los creyentes.

¿Y después?


Abandonaré este plano, cuando este mundo sea una bola de hielo orbitando un sol sin luz. Regresaré a mi casa, donde la sangre cae cada noche de la cara de una luna que está hinchada como el ojo de un marino ahogado, y estivaré.

Entonces me aparearé, y al final sentiré un movimiento en mi interior, y sentiré a mi pequeño comiéndome para salir hacia la luz.

Um.

¿Estás escribiendo esto, Whateley?

Bien.

Bien, eso es todo. El fin. Narrativa concluida.

¿Adivina qué vamos a hacer ahora? Así es.

Vamos a alimentar al Shoggoth.

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